Si piensas que la historia es solo una lista interminable de fechas aburridas y señores con pelucas polvorientas, es porque aún no conoces cómo se formó Nicaragua.
La historia del gigante centroamericano tiene más giros de guión que una telenovela de las tres de la tarde: hay caciques filósofos, conquistadores perdiendo la cabeza (literalmente), piratas haciendo turismo de saqueo y una independencia que parecía un grupo de WhatsApp donde nadie se ponía de acuerdo.
Ponte cómodo/a, sírvete un buen café (o un tapis, si ya es la hora), que vamos a viajar en el tiempo.
Los primeros inquilinos: «buscando un chante con vistas al volcán»
Mucho antes de que los europeos aparecieran con sus armaduras —una pésima elección de vestuario para el trópico, todo sea dicho—, Nicaragua ya era el destino inmobiliario más codiciado de la zona.
Resulta que, siglos atrás, grupos como los chorotegas y los nicaraos decidieron mudarse desde México hacia el sur. ¿El motivo? Huir de sus vecinos del norte (los toltecas y olmecas), que estaban cobrando demasiados impuestos y eran un poco intensos con eso de los sacrificios.
Al llegar a lo que hoy es Nicaragua, vieron lagos del tamaño de mares, tierras ultra fértiles y volcanes por todas partes. Dijeron: «¡Este chante está diacachimba!», y se quedaron.
1522: El choque cultural y el cacique filósofo
El verdadero espectáculo empieza en 1522, cuando el explorador español Gil González Dávila asoma la nariz por la región. Gil pensó que iba a llegar, clavar una bandera, asustar a los locales y llevarse el oro. Pero no contaba con encontrarse con el Cacique Nicarao (o Macuilmiquiztli, para los amigos).
Nicarao era, básicamente, el Sócrates de Centroamérica. En lugar de impresionarse por los caballos o las espadas, sentó a Gil González y le hizo un examen sorpresa de cultura general y astronomía que dejó al español sudando en frío.
Según los cronistas de la época, el cacique le preguntó cosas como: «Ideay, ¿y de dónde sale el sol? ¿Por qué se mueve la luna? ¿Por qué tan poquita gente (los españoles) quiere tanto oro? ¿Y por qué tienen tanto pelo en la cara?».
A Gil le dio un dolor de cabeza intentando responder, pero se llevó un montón de oro a cambio de bautizar a la tribu. Un trato justo para la época.
De hecho, el nombre del país viene (según la teoría más aceptada) de unir el nombre del cacique «Nicarao» con la palabra «agua», por la inmensidad de sus lagos.
1524: Francisco Hernández de Córdoba y el inicio de la rivalidad eterna
Un par de años después, en 1524, llega Francisco Hernández de Córdoba (sí, el señor que le da nombre a la moneda actual del país). Francisco venía con ganas de construir y fundó las dos joyas de la corona: Granada a orillas del lago, y León cerca del volcán Momotombo.
Aquí nació la eterna rivalidad nicaragüense. Granada se llenó de comerciantes conservadores de clase alta a los que les gustaba la tranquilidad del lago. León se convirtió en el nido de los intelectuales, liberales y universitarios. Era como el Madrid vs. Barcelona del siglo XVI.
¿Y qué pasó con el pobre Francisco? Pues que intentó independizarse de su jefe, el temible Pedrarias Dávila. Pedrarias, que no era un hombre de mucha paciencia, viajó hasta Nicaragua y le cortó la cabeza en la plaza mayor de León. Fin del primer capítulo colonial.
Piratas del Caribe… ¡en agua dulce!
Avanzamos un poco en la época colonial. Granada se había vuelto obscenamente rica gracias al comercio. Pero había un pequeño problema de diseño geográfico: el Lago Cocibolca está conectado con el Mar Caribe a través del Río San Juan.
Los piratas ingleses, franceses y holandeses (incluyendo al mismísimo Henry Morgan) se dieron cuenta de esto y pensaron: «¿Para qué saquear en el mar si podemos ir en barco hasta la puerta de sus casas?».
Así que los piratas se dedicaron a hacer «turismo fluvial» subiendo por el río, asaltando Granada, quemándola un poquito y volviéndose al Caribe.
Esto obligó a los españoles a construir el famoso Castillo de la Inmaculada Concepción en medio del río para ponerles un peaje a cañonazos.
1821: La Independencia (o el síndrome del «ahora qué hacemos»)
Llegamos a 1821. La fiebre independentista recorre América. El 15 de septiembre de ese año, en Guatemala, se firma el Acta de Independencia de Centroamérica. La noticia llegó a Nicaragua a caballo días después. La reacción fue, literalmente: «¡Somos libres!… ¿y ahora qué hacemos?».
La independencia de Nicaragua fue como apuntarse a un plan un viernes por la noche sin saber a dónde vas:
- 1821: ¡Somos independientes de España!
- 1822: Uy, qué miedo estar solos. ¡Mejor nos anexamos al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide!
- 1823: Iturbide cae. ¡Nos salimos de México! Vamos a formar las «Provincias Unidas del Centro de América» con nuestros vecinos.
- 1838: Esto de estar unidos es muy complicado, nos peleamos mucho. ¿Saben qué? La encabamos. Mejor nos separamos del todo.
Y así, el 30 de abril de 1838, Nicaragua dijo «¡Nel pastel!» al resto de repúblicas y se declaró un Estado libre, soberano e independiente por su cuenta.
El resumen
La historia de Nicaragua no es la de un pueblo sumiso, sino la de una tierra volcánica habitada por gente astuta, resiliente y con mucha chispa.
Desde un cacique que le dio lecciones de filosofía a los españoles, hasta la fundación de ciudades que sobrevivieron a piratas de agua dulce.
Entender su pasado es la única forma de comprender por qué los nicaragüenses de hoy en día son los anfitriones más cálidos, divertidos y orgullosos de toda Centroamérica.
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